Transformar la educación requiere más que un por qué

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El impulso inicial para transformar algo, una organización, un sistema, parte siempre de una tensión, de la incomodidad o la inquietud que genere una situación actual no satisfactoria. Para ponerse en marcha de forma consciente, para reclutar el equipo que haga de motor del cambio o para sumarse a él hace falta un motivo: el ‘por qué‘ del cambio.

Sin embargo, como se observa en el caso de la educación, no es suficiente con registrar los por qué, por más contundentes que sean, que lo son. El «Monitor de la Educación y la Formación«, publicado por la Comisión Europea sobre datos de 2015,  proporciona motivos más que suficientes para plantearse transformar la educación en España. Veamos algunos, traduciéndolos del original con una mínima edición.

La tasa de abandono escolar

  • La tasa de abandono escolar prematuro en España se ha reducido desde el 21,9% en 2014 hasta el 20%. Así y todo, es todavía el más alto de la Unión Europea y superior al objetivo europeo del 15% para 2020.
  • También son factores críticos en España un bajo rendimiento escolar y un alto índice de repetidores: el 32,9% en España, entre los más altos de los países de la OCDE y muy por encima de la media (12,4%).
  • El número limitado de análisis basados en la evidencia de la variedad de causas del abandono escolar prematuro limita la capacidad de las políticas públicas para capturar la complejidad del problema y hacerle frente.

La empleabilidad de los graduados

  • La tasa de empleo de los graduados terciarios recientes (un 68,7%) está entre las más bajas de Europa, muy por debajo de la media (81,9%).
  • El fomento de la cooperación entre las universidades y las empresas continúa siendo un reto.

La eficacia del gasto en educación

  • La efectividad del gasto en educación en España sigue siendo cuestionable. El gasto por estudiante en educación terciaria es menor que la media de la OCDE, al contrario que la participación proporcional del sector público en ese gasto. El bajo retorno de esta inversión pública en cuanto a habilidades y empleabilidad es una parte del problema, dado que un número significativo de los programas universitarios genera una empleabilidad baja.

Un consenso insuficiente

  • El impasse político de 2016 ha limitado el progreso en la reforma de la educación. La formación profesional básica, por ejemplo, se lanzó sin dejar suficiente tiempo para que las Comunidades Autónomas pudieran poner en práctica las medidas necesarias (profesores, infraestructuras, lugares de prácticas) para ofrecer un rango suficiente de programas de buena calidad.

Por qué los por qués no son suficientes

Este conjunto de informaciones pueden despertar sentimientos variados, desde la preocupación a la indignación, y a partir de ellos el impulso a hacer algo para transformar la educación. Pero, a menos que nos contentemos con el atajo de cambios epidérmicos, ponerse en marcha exige tener respuestas concretas y practicables a ¿qué transformar?, ¿cómo hacerlo?  ¿con quién contar? 

Al enfrentarse a un reto difícil es útil convertirlo en un conjunto equivalente de retos menores, más asumibles. En este caso, el planteamiento sería pasar del reto abstracto de transformar la educación al de transformar cada una de las escuelas o universidades.

  • Para alguien con responsabilidad (o ambición) política o sistémica, el reto sería entonces el de liderar un proceso de movilizar voluntades y capacidades.
  • Para la mayoría personas, el reto asumible es el de trabajar el qué,  el cómo y el con quién del proceso de transformar una escuela, aquella con la que tenga la mayor cercanía o implicación.

El cualquier caso, se trata de pasar del ‘¿por qué transformar la educación?’, que parte de una mirada al presente , a generar y poner en práctica narrativas de futuro. Que son las únicas que conducen a una transformación real.

En próximas entradas trataremos de profundizar, a partir de nuestras experiencias con casos reales, en el reto de la transformación de las escuelas.

Entretanto, os proponemos un ejercicio:  Pasar del ¿por qué? a la mucho más poderosa cuestión del ¿para qué?. La primera parte del presente. La segunda del futuro que se quiere construir.

Haced una lista de los ¿para qué transformar vuestra escuela? (la que dirigís, aquella en la que enseñáis, a la que acuden vuestros hijos). Proponed el mismo ejercicio a alguien cercano en esa misma escuela. Comparad vuestras respuestas y conversar hacia dónde os llevan. Y, si así os parece, hacednos llegar vuestras conclusiones.

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