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La facilitación abre nuevos espacios de colaboración

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Cuando un equipo o una organización percibe que no está sacando todo el partido posible de la colaboración interna, algo que sucede más a menudo de lo que se acostumbra a reconocer, puede ser efectiva la ayuda de un facilitador externo.

La responsabilidad del facilitador es ayudar a identificar y superar los bloqueos (como los que se apuntan en la figura) que dificultan encontrar las soluciones que el grupo necesita. El facilitador, a diferencia del consultor convencional, no vende soluciones prefabricadas, sino que abre espacios de colaboración y aprendizaje para que el grupo encuentre las suyas propias.

Una experiencia real

Nos pidió ayuda una organización social interesada en definir y poner en práctica una política de participación en el conjunto de sus unidades, cada una de las cuales especializada en un ámbito de actuación concreto. Acordamos, como primer paso, explorar el asunto en una reunión monográfica de su equipo directivo, integrado por representantes de cada área de la organización.

De acuerdo con nuestro método de trabajo empezamos pidiendo al grupo respuestas concretas a dos preguntas poderosas típicas:

  • ¿Qué entendéis por participación en vuestra organización? ¿Para qué os interesa?
  • ¿Por qué nos habéis llamado? ¿Qué dificultades tenéis para avanzar por vuestra cuenta?

La conversación sobre la primera de estas cuestiones puso muy pronto en evidencia una respuesta a la segunda: el sentimiento de que la participación dentro del equipo directivo no era satisfactoria. Y que, en consecuencia, era esperable que tuvieran dificultades impulsando la participación en el conjunto de su organización.

A partir de ahí, nuestro trabajo se limitó a facilitar que concretaran reglas o prácticas para una buena participación dentro del propio equipo, con resultados como los siguientes:

  • Estar presentes: escucha activa y positiva.
  • Suspender pre-juicios.
  • Dejar 5 segundos de reflexión antes de replicar.
  • Hablar libremente, pero con concisión.
  • Demostrar confianza mutua.
  • Tomar decisiones conjuntamente.
  • Comportarse externamente como un equipo, sin manifestar externamente los desacuerdos.

Provisional, pero un punto de partida sobre el que trabajar. Algunos de los participantes manifestaron, por ejemplo, dudas sobre cómo hacer compatibles la confianza mutua con el compromiso de tomar decisiones conjuntamente. Pero adquirieron el compromiso de enmarcar esos principios y volver sobre ellos para mejorarlos al inicio de sus siguientes reuniones.

En conjunto, el proceso que facilitamos duró menos de tres horas. Según nos manifestaron en posteriores encuentros, las consecuencias positivas se hicieron notar durante meses.


Somos una agencia de transformación. Diseñamos, facilitamos y acompañamos procesos efectivos y eficientes que cambian la cultura y las prácticas de colaboración y comunicación en un equipo o en el conjunto de una organización. Contáctanos en hola@coperfield.org

Apostamos por desarrollar técnica moral

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Si, como apuntábamos en una entrada anterior, vemos alrededor nuestro ejemplos de procesos colectivos que generan resultados que a nadie satisfacen, ¿qué podemos hacer al respecto?

Pienso que la respuesta pasa por prepararse para abordar dos retos:

  • Cambiar el enfoque y las prácticas de los colectivos atascados en la senda del bloqueo.
  • Acompañar a colectivos dispuestos a recorrer el proceso que conduce a futuros deseables.

Se empieza, sin embargo, a reconocer que una buena parte de las organizaciones y sociedades de hoy no disponen de los elementos necesarios para ello. Por ejemplo,

  • A raíz de su propuesta filosófica de ilustración radical, de aplicar pensamiento crítico tanto a las realidades de hoy como a las propagandas de futuro, Marina Garcés se pregunta acerca de «los saberes y prácticas culturales que necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor«.

A este respecto,

  • Desde una perspectiva macro, la Teoría U se presenta como el fundamento de una metodología social que ayude a un colectivo con intereses múltiples, y no forzosamente idénticos, a la creación de nuevas realidades.
  • Dirigiendo el foco más hacia el mundo de los negocios, aparecen propuestas de nuevos referentes, como la puesta en práctica de organizaciones teal, que comentaremos en una próxima entrada.

Llevar estos modelos conceptuales a la práctica exige, sin embargo, algo más. Requiere una técnica moral, definida como la capacidad de conseguir que suceda lo que es conveniente (o necesario) que suceda.

La aplicación de esa técnica moral, como todas las técnicas, requiere de personas (de técnicos)  con los conocimientos y habilidades adecuados. Pero la facilitación de procesos de creación de futuros compartidos es una disciplina que no está incluida en la mayoría de los programas de formación de directivos ni de líderes convencionales.  Tampoco sería suficiente si lo estuviera. Porque si los futuros compartidos se han de imaginar y generar (por lo menos en parte) desde la base, no es sensato  confiarlos sólo a directivos y líderes. Harán falta muchos más facilitadores capaces de ayudar con su técnica moral a hacer que sucedan esas cosas sobre las que tan a menudo hablamos que deberían suceder.

Propuesta de reflexión

  • Piensa en tu experiencia de un proceso o una reunión que no generara los resultados en un princpio deseados. ¿Qué dificultó el trabajo en grupo?
  • ¿Puedes imaginar cómo la participación de un facilitador externo hubiera podido ayudar a hacer más efectivo el trabajo?

Más sobre todo ello en próximas entradas. 

Somos una agencia de transformación.

Desde Coperfield diseñamos y acompañamos procesos de cambio colectivo y capacitamos (en habilidades como comunicación de proximidadhttp://www.coperfield.org/masterclass-comunicacion-de-proximidad/, facilitación y liderazgo distribuido) a quienes quieren hacerlos posibles.