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Para transformar la escuela: conciencia y cultura

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Proponía en una entrada anterior que la transformación de las escuelas no puede limitarse sólo a un cambio de pedagogía en una o varias aulas o materias. Para ser una transformación de verdad, y no sólo un cambio superficial, ha de implicar también cambios en la cultura organizativa de los centros (y en último término del sistema educativo en su conjunto).

«La cultura organizativa puede definirse como el patrón de creencias que las personas han inventado o descubierto para lidiar con sus problemas de adaptación interna o externa en el modo que consideran correcto.»

El concepto de cultura (que en ese contexto no es el opuesto de incultura) puede a primera vista parecer algo etéreo, difícil de concretar. Sin embargo, múltiples experiencias indican que el modelo bidimensional representado en el diagrama es suficiente para capturar sus rasgos esenciales. La cultura de una escuela en concreto se conforma en base a las dos dimensiones clave representadas en el diagrama:

¿Cómo es la comunicación entre personas, dentro y fuera de la organización?
¿Cuál es la actitud de las personas al respecto del cambio?

Son preguntas que no conviene plantear en abstracto, como se hace en la rúbrica que comentaba en la entrada anterior, sino en relación con comportamientos concretos que manifiestan la inclinación de las personas en uno u otro sentido. Por ejemplo:

  • Otro profesor te pide venir a observar alguna de tus clases. ¿Cómo reaccionas?
  • Ese mismo profesor te ofrece luego darte feedback sobre lo que ha observado. ¿Aceptas?
  • Un profesor te pide que asistas a alguna de sus clases y le des feedbak. ¿Cómo reaccionas?

Por medio de un cuestionario que recoja una batería de preguntas relativas a distintos ámbitos de comportamiento, que cada profesor puede completar en unos 10 minutos, podemos obtener un diagnóstico rápido y concreto de la cultura de una escuela. Que incluirá también una valoración de:

  • La coherencia de las respuestas de los docentes y el personal con los rasgos de la cultura oficial (o la señalada como objetivo).
  • La dispersión en las respuestas a las cuestiones clave.
  • El alineamiento entre las respuestas del profesorado y las del equipo directivo.

En una escuela de cultura tradicional, poco abierta al cambio y en que se valora sobre todo el desempeño individual de cada profesor, la mayoría de las respuestas se ubicarían en el cuadrante inferior izquierdo. La escuela de la exitosa serie Merlí de TV3 podría ser un ejemplo.  Vemos una y otra vez cómo da clase su héroe, un peculiar profesor de filosofía. Pero, aunque apenas se muestra el contexto del centro, queda claro que el profesorado no funciona como un equipo y que el papel de los directores no es precisamente lucido.

Por contra, en el contexto actual de impulso a la transformación de la enseñanza, la cultura ideal sería la correspondiente al cuadrante superior derecho: colaboración e innovación. La cultura ubicada en el cuadrante superior izquierdo correspondería a una escuela en que algunos profesores inquietos son innovadores, pero la escuela en su conjunto no lo es.

Podría continuar, pero espero que la idea esté clara. Si el modelo parece sugerente, se abren varias cuestiones a considerar:

  • ¿Tenemos conciencia de la cultura real de nuestra escuela y las diferencias con la que consideraríamos como deseable?
  • ¿Cómo visualizamos el proceso de transformación de una a otra cultura?

En Coperfield creemos que la transformación de la escuela, y del sistema educativo, exige no sólo cambios pedagógicos, sino también en la conciencia y la cultura de los centros. Si os interesa este proyecto, os invitamos a que os pongáis en contacto con nosotros.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo a través del cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan.

¿Qué falta todavía para transformar la educación?

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El consenso sobre la necesidad de transformar la educación se ha ido consolidando durante los últimos años. Muestra de ello es la multiplicidad (y diversidad) de programas para cambiar la educación, tanto en el ámbito de la enseñanza pública como la concertada. (ver  1, 2, 3, entre otros).

Como en todo proceso de cambio colectivo, la transformación de la educación (de hecho, la de cada escuela) requiere respuestas claras y consensuadas a cinco preguntas poderosas: ¿Por qué cambiar? ¿Para qué cambiar? ¿Qué cambiar, en concreto? ¿Cómo conseguirlo? ¿Quién estará implicado y comprometido?

Parece haber consenso acerca del por qué del cambio. Esta declaración de la UNESCO sería una muestra representativa.

«El mundo está cambiando: la educación debe cambiar también. Las sociedades de todo el planeta experimentan profundas transformaciones y ello exige nuevas formas de educación que fomenten las competencias que las sociedades y las economías necesitan hoy día y mañana.» Unesco (2015)

La respuesta al para qué, al propósito de la transformación, es más crítica, más poderosa, y también más dependiente del contexto. Esta rúbrica del cambio educativo, por ejemplo, articula la respuesta en dos grandes ámbitos:

  • Conseguir una escuela inclusiva y orientadora.
  • Desarrollar en los alumnos competencias para ser, hacer, conocer y convivir.

Una vez formulado su propósito, el siguiente paso en un programa de transformación escolar suele ser la redefinición de la metodología de aprendizaje y de evaluación, respondiendo a cuestiones como: ¿Qué se enseña en las aulas? ¿Cómo se enseña? ¿Cómo son las aulas? ¿Sólo se enseña en el aula? y similares. La rúbrica a que me he referido antes contempla para ello un total de 12 ámbitos:

  • Las secuencias y experiencias de aprendizaje
  • Las relaciones interactivas
  • La gestión social de los entornos de aprendizaje
  • La gestión de espacios y tiempos
  • La organización de los contenidos
  • El uso de recursos didácticos
  • Procesos de actualización del núcleo pedagógico
  • Procesos de actualización de las dinámicas del entorno de aprendizaje
  • La función de evaluación
  • El propósito y objetivo de la evaluación
  • La recogida de evidencias
  • La valoración de las evidencias.

Estas líneas de acción configuran en su conjunto un programa de transformación pedagógica. 

Pero el cambio pedagógico no es suficiente para transformar las escuelas. Si lo que se pretende es que la enseñanza pase a gravitar en torno al desarrollo de habilidades y al aprendizaje colaborativo en lugar del aprendizaje individual de materias, el programa de cambio debe también plantearse cuestiones como las siguientes:

  • ¿Cuál es el modelo de organización que da soporte a ese aprendizaje?
  • ¿Cuál es la cultura organizativa de la escuela del futuro? ¿Cuáles son las actitudes, habilidades y prácticas de los docentes, en su relación con los alumnos pero también en la relación entre ellos, que hacen funcionar esa organización?
  • Si la cultura y la organización de las escuelas del futuro difiere de la actual, como sucede en muchos casos, ¿cómo organizar y llevar a cabo la transición?

«Sólo hay tres cosas que ocurren espontáneamente en toda organización: desorientación, fricción y resultados por debajo de lo esperado. El resto requiere liderazgo.» (Peter Drucker)

Nuestras conversaciones con responsables de escuelas vienen a confirmarnos que, mientras el proceso de transformación pedagógica está lanzado y en marcha, el proceso de transformación de la cultura y la organización de las escuelas está mucho menos avanzado. Un síntoma de ello es que la rúbrica a la que nos venimos refiriendo contiene sólo dos escuetas líneas a este respecto:

  • Liderazgo de la organización educativa
  • Organización abierta (a las familias y a otros agentes de educación formal y no formal).

Transformar la escuela en un ecosistema de aprendizaje requiere mucho más que un cambio en la pedagogía. Exige recomponer creencias y actitudes (p.e. sobre cómo aprenden y colaboran los profesores, sobre el funcionamiento del claustro, sobre el rol de las familias) y transformarlas en colaboraciones efectivas. Fácil de decir porque, como en tantas ocasiones, el reto está en el CÓMO ponerlo en práctica.

Si os interesa trabajar sobre el proceso de poner en práctica un nuevo programa didáctico, apuntaros a las próximas ediciones en Madrid y Barcelona de nuestra Masterclass Kaospilot.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo a través del cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan.

Educar para la incertidumbre

Nadie sabe con certeza cómo será el mundo dentro de 15 años. ¿Para qué mundo educar pues a los peques que entran ahora a la escuela en P-3? ¿Qué transmitirles? O, planteado de otro modo, ¿qué cualidades personales esperamos que la educación ayude a desarrollar?

Es esta una reflexión que comparten con frecuencia docentes con los que conversamos. Tienen razón. El futuro es hoy más incierto que nunca. Volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA), como gustan decir algunos. Los docentes se enfrentan reto de educar para la incertidumbre.

La dificultad de este reto es que no se puede educar desde la incertidumbre. Manejarse en un entorno incierto, sin caer en el relativismo o en la parálisis, exige apoyarse en un conjunto mínimo de certezas. Más aún en el caso de los docentes, que de un modo u otro transmiten a los alumnos sus propias actitudes y creencias personales.

¿Cuáles son esas certezas? Pueden, pero sólo en parte, derivarse del marco legal.  Por ejemplo, la Ley 12/209 (.pdf) para la educación en Cataluña establece que el sistema educativo se regirá, entre otros, por los principios siguientes:

  1. La formación integral de las capacidades intelectuales, éticas, físicas, emocionales y sociales de los alumnos que les permita el pleno desarrollo de la personalidad, con una enseñanza de base científica.
  2. La vinculación entre pensamiento, emoción y acción que contribuya a un buen aprendizaje y conduzca a los alumnos a la madurez y la satisfacción personales.
  3. La capacitación cultural, científica y técnica que permita a los alumnos la plena integración social y laboral.
  4. La habilitación para el aprendizaje permanente.
  5. El estímulo y el reconocimiento del esfuerzo y la valoración del rigor, la honestidad y la constancia en el trabajo.
  6. La capacitación para ejercer activamente la ciudadanía.
  7. La competencia para el análisis y el contraste de toda la información, cualquiera que sea el medio de transmisión.

Son una referencia orientadora, pero no disipan la incertidumbre sobre cuestiones de futuro como, por ejemplo, los requisitos «para una plena integración social y laboral». De otra parte, admiten más de una interpretación; cada centro tendrá concertar y concretar desde qué certezas educa y cómo se traducen a su labor educadora.

Entre tanto, si queréis conocer y experimentar las claves de diseñar una educación para la incertidumbre, os invitamos a participar en las próximas ediciones en Madrid y Barcelona de nuestra Masterclass Kaospilot para el diseño y gestión de espacios de aprendizaje. Más información aquí.


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Cada escuela necesita el ‘para qué’ de su transformación

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Todo el mundo, o casi todo el mundo, está de acuerdo en que hay que transformar la educación. Y, si nos referimos a la educación obligatoria, en que hay que transformar las escuelas.

La transformación de una escuela, y más aún la de la educación, es por fuerza un proceso colectivo. Que, para tener éxito, precisa empezar compartiendo una motivación y un propósito claros. Con respuestas compartidas a dos preguntas poderosas: ¿Por qué cambiar? ¿Para qué?

La primera de estas cuestiones (¿por qué cambiar?) genera respuestas del estilo de:

  • Porque la sociedad lo pide.
  • Porque las escuelas se diseñaron para una sociedad distinta de la actual.
  • Porque las escuelas preparan a los alumnos para el mundo de ayer, no para el de mañana.
  • Porque hay que hacer algo ante los malos indicadores de la educación actual (PISA, abandono escolar prematuro y similares).
  • Porque mucho de lo que enseñan las escuelas no interesa a los alumnos: lo pueden consultar en la Wikipedia sin necesidad de ir a clase ni de aprenderlo de memoria.

Son respuestas válidas. Pero no constituyen un punto de partida práctico para el cambio. En algún caso, porque son demasiado genéricas. La sociedad no llama a la puerta de ninguna escuela; lo hacen en todo caso padres concretos con demandas concretas (y no son siempre bien recibidos; tema para otra ocasión). Otras respuestas  conducen a nuevas preguntas menos fáciles de responder: ¿Qué añadir a lo que se enseña en la escuela? ¿Qué suprimir para hacer sitio a lo que se añade? ¿Hay que enseñar lo que interesa a los alumnos, o bien conseguir interesarles en lo que se enseña? Etcétera.

Para enfocar un proceso de cambio, la pregunta ¿Para qué cambiar nuestra escuela? resulta mucho más poderosa. Porque obliga a generar respuestas concretas sobre los resultados del cambio para  nuestros alumnos, nuestras familias, con nuestros profesores, en nuestro entorno, a partir de nuestros valores.

Cada escuela, o incluso distintas etapas dentro de una misma escuela, ha de generar sus propias respuestas. Los ejemplos de modelos de éxito, de escuelas ‘avanzadas’ pueden sin duda ser inspiradores. Pero no se puede cambiar una escuela a base de ‘corta y pega’. Copiar a trozos no funciona.

Nuestra experiencia acompañando la transformación de escuelas demuestra que un proceso de cambio adquiere una dinámica distinta cuando los que han de llevarlo a cabo han participado también en su diseño. Profesores, por supuesto, pero también familias e incluso alumnos. Los para qué pueden variar de escuela a escuela. Mucho más todavía los cómo y con quién, que dependen de  actitudes, habilidades y comportamientos de personas concretas.

Una reflexión similar puede hacerse sobre el para qué de los cambios que son y serán necesarios en la formación de profesionales. Tema también para una próxima entrada.

Entretanto, si queréis conocer y experimentar las claves del diseño de un cambio educativo, os invitamos a participar en las próximas ediciones en Madrid y Barcelona de nuestra Masterclass Kaospilot para el diseño y gestión de espacios de aprendizaje. Más información aquí.


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El ‘por qué’ es sólo el contexto del ‘para qué’

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Nos invitaron que diéramos una charla-taller sobre «Educación: Tendencias de futuro«. Si hubiera sido un evento más formal hubiéramos insistido en que nos proporcionaran unas indicaciones más precisas. Porque el reto de transformar la educación es, como tantos otros, un ‘reto elefante’. Incluso los muchos que están de acuerdo en que es necesaria una transformación tienen muchas probabilidades de discrepar en las respuestas a las cuatro ‘preguntas poderosas’ que ayudan a enfocar cualquier transformación: ¿Para qué esta transformación? ¿Qué hay que transformar? ¿Cómo pretendemos conseguirlo? ¿Quién lidera? ¿Quién convendría que participara?

Alguien puede pensar, con cierta razón, que la cuestión de por qué transformar la educación es también una pregunta relevante y poderosa. Podría argumentar, también con cierta razón, que habría mayor probabilidad de coincidencia en las respuestas. En la línea de ‘estamos educando a quienes han de vivir en el siglo XXI con métodos diseñados en el XIX’. Cierto, pero no ayuda. Porque harán falta ideas más claras sobre cómo será o debería ser la sociedad del siglo XXI para la que se pretende educar. También sobre la naturaleza del aprendizaje necesario en la época actual de Internet o en la futura de la inteligencia artificial.  Y también sobre la responsabilidad social, pública y privada, de garantizar ese aprendizaje. Y sobre otras cuestiones sobre las que no hace falta extenderse aquí.

La idea está clara. Sabemos (más o menos) cómo hemos llegado a tener un sistema educativo que no convence. Pero hay mucha menos claridad y consenso acerca de las respuestas a las preguntas clave sobre su transformación. Lo verificamos (una vez más) con los participantes en el taller.

Los por qué son sobre todo consecuencia del pasado. Los para qué apuntan al futuro. Por eso la cuestión de para qué cambiar es la pregunta más poderosa. No solamente sobre el futuro de la educación, dicho sea de paso.


Coperfield es una agencia de transformación. Diseñamos y acompañamos procesos de cambio en equipos, grupos y organizaciones. Facilitamos reuniones y talleres a medida para que los grupos encuentren por sí mismos respuestas efectivas a los para qué, qué, cómo y quién de retos a los que se enfrentan. ¿Quieres saber más sobre cómo trabajamos? Contacta con nosotros en hola@coperfield.org.

 

¿Qué alternativas a los MBA?

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Hace poco, un artículo en The Guardian («Why we should bulldoze the business school«) pone una vez más sobre la mesa la crítica a los programas (de)formativos de las escuelas de negocios tradicionales. Su conclusión es que:

«Si queremos ser capaces de responder a los retos a los que se enfrenta nuestra vida en el planeta, necesitamos investigar y enseñar tantas formas diferentes de organizarnos como seamos capaces de imaginar colectivamente. Dar por sentado que el capitalismo global puede continuar como hasta ahora equivale a asumir un camino hacia la destrucción. Por tanto, si vamos a abandonar el ‘business as usual’ también tenemos que reimaginar de arriba a abajo la ‘business school as usual’

Pensamos que hay cada vez más gente, dentro y fuera de las universidades y las escuelas de negocio, que comparte en alguna medida estos planteamientos. En los tiempos que corren, de grandes disrupciones y cambios acelerados, diríase que no hacen tanta falta ‘administradores’ de organizaciones, sean o no de negocio, como líderes creadores y transformadores de instituciones, y también negocios, adecuados a los nuevos tiempos.

Hay pues un ¿para qué? razonable para reinventar esta formación. En la línea de lo que venimos comentando en este blog, falta concretar respuestas a cómo hacerlo y con quién.


Si te interesa explorar cómo crear futuros alternativos para la formación, apúntate a nuestra próxima Masterclass Kaospilot: «El arte y oficio de facilitar espacios de aprendizaje«, o contáctanos en hola@coperfield.org

Un motivo para transformar la formación

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Empezamos a trabajar con una Fundación dedicada a la formación profesionalizadora de personas en riesgo de exclusión. Impresionados por su compromiso, su impulso y su capacidad de gestión.

Pero están inquietos. Comentando su oferta formativa, manifiestan:

  • Que la formación que imparten está muy condicionada por los fondos públicos a los que optan (por concurso) para financiala.
  • Que tienen la sensación de estar formando gente para profesiones llamadas a desaparecer, en lugar de formarlas para el nuevo entorno económico 4.0 (o como se quiera llamarle).
  • Que compiten muy duramente (pero no colaboran) con entidades similares para actividades que persiguen acceder a los mismos fondos.

«Clarity dissolves resistance»
C.&D. Heat, «Switch»

Es evidente que tienen un buen motivo (un por qué) para transformar la formación que están impartiendo. Y también un para qué sólido: Prestar la mejor ayuda posible a los colectivos a los que sirven.

Pero son conscientes de que éso no basta para arrancar un proceso de transformación con perspectivas de éxito. Quedan otras cuestiones importantes pendientes de clarificar:

  • ¿Qué cambiar?: cómo imaginar en concreto la formación que mejor respondería a los requisitos de futuro. Lo que incluye la respuesta a qué añadir, pero también a qué dejar de hacer, porque sus recursos son obviamente limitados.
  • ¿Cómo hacerlo y a quién implicar? Tanto internamente (su departamento de formación, su Patronato) como a agentes externos, desde los formadores a los que contratan hasta las administraciones que gestionan los fondos de ayuda, incluyendo quizá también alguna de esas organizaciones con las que hoy compiten.

En el fondo, la cuestión más complicada de decidir, a la que habrán de dar respuesta los patronos de la Fundación, es el alcance de la transformación que decidan impulsar. La de su formación; o la del sistema que tanto les condiciona. Lo que lleva de vuelta a las cuestiones clave de todo proceso de transformación: ¿Para qué?, ¿Qué cambiar?, ¿Con quién?, ¿Cómo?. Más sobre ello en próximas entradas.

Coperfield es una agencia de transformación. Facilitamos que las organizaciones y a los grupos encuentren sus  propias respuestas a sus retos de transformación y les acompañamos durante el proceso.

¿Cómo se transformarán las Universidades?

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Un artículo en La Contra de La Vanguardia («Muchas universidades van a cerrar, porque no hacen falta”) nos anima a una reflexión sobre procesos de cambio, organizaciones y cultura. Según el entrevistado:

«Cientos de universidades no existirán dentro de 20 años, porque ya no ofrecen nada que no puedas aprender sin ellas. Ya no tiene sentido que miles de universidades en todo el planeta tengan a sus profesores dando la misma clase de cálculo infinitesimal, por ejemplo, cuando hay uno que es el mejor. La clase del mejor se puede grabar, editar, subir y repetir un número infinito de veces en cualquier soporte en cualquier sitio.

Esa dinámica acabará por imponerse y pondrá en crisis a las universidades que no se adapten y no creen valor.«

Parece razonable. Una Universidad que se limitase a dar clases magistrales dejaría, con casi total seguridad, de tener sentido. Por tanto, se enfrentaría hoy a la disyuntiva entre transformarse o desaparecer.

Emergen así, una vez más, el conjunto de cuestiones pertinentes a todo proceso de transformación: ¿En qué transformarse? ¿Qué cambiar? ¿Cómo hacerlo? ¿Quién impulsa y participa del cambio?

No hay, a buen seguro, una única respuesta, porque no habrá un único modelo de Universidad. Pero sí aparecen como relevantes dos ejes de transformación:

  • Una evolución hacia el aprendizaje colaborativo. Si los alumnos pueden acceder a los mejores contenidos en la red antes de entrar en clase, el rol tradicional del profesor tendrá que evolucionar hacia el de un facilitador de aprendizaje. Más aún si la enseñanza tiene como objetivo incorporar, además de contenidos, habilidades que han de practicarse.
  • Una evolución hacia el aprendizaje multidisciplinar. Es un hecho que los retos que nos presenta la vida, en la sociedad y en el trabajo, no acostumbran a venir clasificados según las disciplinas académicas convencionales. La capacidad de tender puentes entre áreas de especialidad será pues cada vez más necesaria para muchos ciudadanos y profesionales, en parte porque los sistemas de inteligencia artificial abordarán cada vez mejor cuestiones especializadas. Una Universidad que mantuviera una organización en facultades y cátedras estancas y una cultura de escasa interacción y colaboración entre ellas difícilmente podría proporcionar a sus alumnos esa capacidad multidisciplinar.

En nuestro entorno inmediato, el sistema escolar está empezando a abordar transformaciones en estas líneas ¿Harán las Universidades algo similar? ¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se enfrentan?

Referencias (no exhaustivas): Escola Nova 21, SUMMEM, Horizonte 2020.

Somos una agencia de transformación. Infórmate sobre nuestro taller «Escenarios de Futuro: Cómo dirigir la transformación en tu organización«.

 

 

Un ejemplo de propósito educativo

En anteriores entradas hemos mencionado el poder de un buen propósito como guía para el funcionamiento de una organización, y más todavía para el buen fin de una organización que busca transformarse.

A principio de este curso, en que se hablará mucho sobre la educación y su futuro (también lo haremos nosotros), nos ha parecido oportuno reproducir aquí un buen ejemplo de propósito. El de Big Picture Learning, una cadena de escuelas norteamericanas con más de 20 años de experiencia educativa innovadora.

En «Big Picture Learning» promovemos una curiosidad sin límites y sin temores. Continuaremos, como siempre hemos hecho, fomentando espacios de aprendizaje que creen la estela en la que los estudiantes puedan libremente y con valentía perseguir sus pasiones e intereses.

En estos espacios han emergido maestros, arquitectos, abogados, publicistas, políticos, diseñadores de moda, astrofísicos, múscios, futuros líderes del mundo, y más. […]

A ellos y a todos quienes tengan un curiosidad infatigable for el aprendizaje y la verdad ofrecemos ésto:

  • Estaremos contigo para darte fortaleza en tiempos de debilidad. Valentía en tiempos de temor. Unidad en tiempos de división.  Aprendizaje “Big Picture” en tiempos de pensamientos cortos de miras.
  • Permanecemos despiertos. Permanecemos alerta. Permanecemos esperanzados. No tenemos miedo.

Estamos seguros de que se pueden encontrar propósitos con una fuerza similar entre las muchas escuelas excelentes de nuestro entorno. Agradeceremos que nos hagáis llegar ejemplos.

Para acabar, destacaremos solamente la mención a los espacios de aprendizaje a los que hace referencia repetida el propósito de Big Picture Learning. Si tenéis interés en explorar este concepto, os sugerimos nuestra Master Class Kaospilot sobre «El arte de diseñar y gestionar espacios de aprendizaje».

Somos una agencia de transformación

Diseñamos, facilitamos y acompañamos procesos a medida del cambio que tu equipo necesita. La educación es uno de nuestros ámbitos de actuación prioritarios. Escucha aquí la experiencia de nuestros clientes.

Transformar la educación requiere más que un por qué

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El impulso inicial para transformar algo, una organización, un sistema, parte siempre de una tensión, de la incomodidad o la inquietud que genere una situación actual no satisfactoria. Para ponerse en marcha de forma consciente, para reclutar el equipo que haga de motor del cambio o para sumarse a él hace falta un motivo: el ‘por qué‘ del cambio.

Sin embargo, como se observa en el caso de la educación, no es suficiente con registrar los por qué, por más contundentes que sean, que lo son. El «Monitor de la Educación y la Formación«, publicado por la Comisión Europea sobre datos de 2015,  proporciona motivos más que suficientes para plantearse transformar la educación en España. Veamos algunos, traduciéndolos del original con una mínima edición.

La tasa de abandono escolar

  • La tasa de abandono escolar prematuro en España se ha reducido desde el 21,9% en 2014 hasta el 20%. Así y todo, es todavía el más alto de la Unión Europea y superior al objetivo europeo del 15% para 2020.
  • También son factores críticos en España un bajo rendimiento escolar y un alto índice de repetidores: el 32,9% en España, entre los más altos de los países de la OCDE y muy por encima de la media (12,4%).
  • El número limitado de análisis basados en la evidencia de la variedad de causas del abandono escolar prematuro limita la capacidad de las políticas públicas para capturar la complejidad del problema y hacerle frente.

La empleabilidad de los graduados

  • La tasa de empleo de los graduados terciarios recientes (un 68,7%) está entre las más bajas de Europa, muy por debajo de la media (81,9%).
  • El fomento de la cooperación entre las universidades y las empresas continúa siendo un reto.

La eficacia del gasto en educación

  • La efectividad del gasto en educación en España sigue siendo cuestionable. El gasto por estudiante en educación terciaria es menor que la media de la OCDE, al contrario que la participación proporcional del sector público en ese gasto. El bajo retorno de esta inversión pública en cuanto a habilidades y empleabilidad es una parte del problema, dado que un número significativo de los programas universitarios genera una empleabilidad baja.

Un consenso insuficiente

  • El impasse político de 2016 ha limitado el progreso en la reforma de la educación. La formación profesional básica, por ejemplo, se lanzó sin dejar suficiente tiempo para que las Comunidades Autónomas pudieran poner en práctica las medidas necesarias (profesores, infraestructuras, lugares de prácticas) para ofrecer un rango suficiente de programas de buena calidad.

Por qué los por qués no son suficientes

Este conjunto de informaciones pueden despertar sentimientos variados, desde la preocupación a la indignación, y a partir de ellos el impulso a hacer algo para transformar la educación. Pero, a menos que nos contentemos con el atajo de cambios epidérmicos, ponerse en marcha exige tener respuestas concretas y practicables a ¿qué transformar?, ¿cómo hacerlo?  ¿con quién contar? 

Al enfrentarse a un reto difícil es útil convertirlo en un conjunto equivalente de retos menores, más asumibles. En este caso, el planteamiento sería pasar del reto abstracto de transformar la educación al de transformar cada una de las escuelas o universidades.

  • Para alguien con responsabilidad (o ambición) política o sistémica, el reto sería entonces el de liderar un proceso de movilizar voluntades y capacidades.
  • Para la mayoría personas, el reto asumible es el de trabajar el qué,  el cómo y el con quién del proceso de transformar una escuela, aquella con la que tenga la mayor cercanía o implicación.

El cualquier caso, se trata de pasar del ‘¿por qué transformar la educación?’, que parte de una mirada al presente , a generar y poner en práctica narrativas de futuro. Que son las únicas que conducen a una transformación real.

En próximas entradas trataremos de profundizar, a partir de nuestras experiencias con casos reales, en el reto de la transformación de las escuelas.

Entretanto, os proponemos un ejercicio:  Pasar del ¿por qué? a la mucho más poderosa cuestión del ¿para qué?. La primera parte del presente. La segunda del futuro que se quiere construir.

Haced una lista de los ¿para qué transformar vuestra escuela? (la que dirigís, aquella en la que enseñáis, a la que acuden vuestros hijos). Proponed el mismo ejercicio a alguien cercano en esa misma escuela. Comparad vuestras respuestas y conversar hacia dónde os llevan. Y, si así os parece, hacednos llegar vuestras conclusiones.

Coperfield es una agencia de transformación

Diseñamos y facilitamos procesos de transformación, y capacitamos a los equipos para llevarlos a término. Acompamos a varias organizaciones escolares en su proceso de transformación. Si quieres experimentar nuestras metodologías y herramientas, apúntate a uno de nuestros talleres.