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Esta historia no es sólo del «West Side»

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Hace unas pocas noches La 2 de tve volvió a programar «West Side Story«. Parece ser que fuimos bastantes los que la volvimos a ver de nuevo, porque el tema salió en la conversación de una cena de fin de semana.

Acostumbrados a constatar una y otra vez que no vemos las cosas como son, sino en función de cómo miramos, no fue una sorpresa que hubieran respuestas variadas a la pregunta de qué resultaba más destacable de la película:

  • Una historia de amor.
  • Las coreografías de Jerome Robbins
  • La fotografía.
  • Lo guapa que estaba Natalie Wood.
  • La (magnífica) música de Leonard Bernstein (a la que alguno admitió haber prestado atención en su conjunto por primera vez, más allá de los temas más conocidos).

Desde nuestra perspectiva de facilitadores, vemos West Side Story también como el relato de un fracaso colectivo. De los colectivos que aparecen; las bandas, desde luego, y las fuerzas del orden. Y también, aunque permanezcan en segundo plano, de los colectivos que de un modo u otro sostienen la cultura que conforma los comportamientos de los protagonistas.

Han transcurrido casi 60 años del estreno de la película. Pero tanto esa situación de conflicto entre culturas como su deriva hacia un fracaso colectivo siguen resultando realistas y fácilmente nos interpelan. Porque vivimos situaciones que, si bien no todas con similar dramatismo, comparten rasgos similares de conflicto abierto y perspectivas sostenidas de fracaso.

El tratamiento de esta cuestión de conflicto en West Side Story trae a colación algunos de los temas que abordamos en este espacio:

Asuntos éstos sobre los que nos parece interesante conversar, por ejemplo, en una buena sesión de cine-club, de las que todavía existen por ahí. O siempre que alguien nos lo proponga.


Coperfield es una agencia de transformación. Diseñamos y acompañamos procesos de cambio, incluyendo el cambio de cultura, en equipos, grupos y organizaciones. Facilitamos reuniones y talleres a medida para que los grupos encuentren por sí mismos respuestas efectivas a los retos a los que se enfrentan. ¿Quieres saber más sobre cómo trabajamos? Contacta con nosotros en hola@coperfield.org.

¿Aspiras a liderar, o te conformarías con mandar?


Es frecuente que en los talleres sobre liderazgo que facilitamos en Coperfield se nos pida distinguir entre los perfiles, responsabilidades, competencias y habilidades del líder frente a las del director, el jefe o el gerente.

Cuando ésto ocurre, trabajamos con los participantes sobre las habilidades apuntadas en la tabla. Las dos funciones son necesarias, pero diferentes. Un gestor puede no ser un buen líder. A muchos líderes les interesa poco mandar o gestionar. Cada individuo puede escoger hacia qué alternativa encaminarse.

Coperfield es una agencia de transformación

Sabemos que el liderazgo es necesario para acometer los cambios de las organizaciones y la sociedad necesitan. Creemos que el liderazgo distribuido es imprescindible, porque muchos de esos cambios superan las capacidades de cualqueir liderazgo unipersonal.

Cinco mitos sobre el liderazgo

Acabábamos así una entrada anterior sobre el liderazgo:

«Nadie tiene la capacidad de liderar siempre, cualquier reto, en cualquier circunstancia, en cualquier entorno. Pero todos podemos desarrollar la capacidad de liderar.«

¿Qué impide a menudo desarrollar esa capacidad? En primer lugar, una concepción a menudo errónea del significado de liderar. La imagen del líder ideal y del ejercicio del liderazgo se han tegiversado tanto, que mucha gente acaba por creer que liderar es algo que queda fuera de sus posibilidades.

Es por ello importante despejar cinco mitos acerca del liderazgo.

(1) El mito del organigrama

El mito del organigrama tiene dos interpretaciones igualmente erróneas, que tienen en común confundir autoridad y liderazgo.

  • Es un error suponer que quien ostenta una posición de autoridad es automáticamente un líder y sabrá actuar como tal. Una mirada reflexiva al panorama político o a nuestra propia experiencia profesional nos convencerá de que este mito carece de fundamento.
  • La segunda equivocación, aún más nociva, es suponer que sólo se puede liderar desde una posición de autoridad. La historia de las ideas, de la política o de los negocios lo desmiente. Muchos de los grandes cambios se iniciaron desde abajo. El video que incluimos es a la vez divertido y sugerente.

(2) El mito del talento

El mito del talento consiste en suponer que la capacidad de liderazgo reside en un talento innato, sólo al alcance de unos pocos. No es cierto; sí lo es que el ejercicio del liderazgo requiere ciertas habilidades; pero éstas se pueden observar y aprender. Al igual que sucede con el talento artístico o el matemático, que hay personas especialmente dotadas desde su nacimiento. Para la mayoría, sin embargo, al igual que en tantas otras disciplinas, desarrollar la capacidad de liderazgo pasa por el convencimiento de que uno puede ser líder y por la práctica de actuar conscientemente como tal. Encontramos para ello oportunidades en nuestra vida familiar, social o profesional; se trata de aprovecharlas para practicar.

(3) El mito de la experiencia

No habría líderes si sólo quien tenga experiencia de liderazgo pudiera actuar fiablemente como líder. Como en tantas otras disciplinas, uno sólo aprende saliendo de su zona de confort, haciendo frente a un reto o una situación incierta para la que se no tiene el éxito asegurado. El líder nunca lo tiene. Porque por mucho que se haya preparado, lo que en último caracteriza a un líder es que tenga seguidores, y el comportamiento de éstos está siempre abierto a lo imprevisto.

(4) El mito de la naturalidad

El mito de la naturalidad consiste en suponer que los líderes, sea por su talento o su experiencia, saben como por instinto lo que tienen que hacer en cada circunstancia. No es así. También parece que los artistas, los músicos, los bailarines actúan naturalmente, sin esfuerzo aparente; y sin embargo sabemos que esa naturalidad sólo se adquiere a base de horas de práctica.

(5) El mito de la confianza en uno mismo

Existe finalmente el mito de que los líderes están de algún modo dotados de una fuerza y una confianza interior que les hace inmunes a las dificultades y resistencias a las que se enfrentan, razón por la cual acaban por superarlas. El liderazgo, sin embargo, es una empresa colectiva; son los seguidores los que en último término conceden al líder su fuerza.

Dar la vuelta a los cinco mitos

Propongo una reflexión final. Aproximarnos al ejercicio del liderazgo como un modo de desarrollar nuestros talentos, de adquirir confianza ejerciendo nuestras capacidades, de adquirir experiencia para asumir nuevas responsabilidades. Porque desarrollarnos como líderes es también crecer como personas.

Somos una agencia de transformación

Coperfield es una agencia de transformación. Diseñamos procesos a medida del cambio que tu equipo necesita. Podemos ayudar a poner en práctica en tu organización una cultura eficaz de liderazgo distribuido. Puedes experimentarlo en nuestros talleres de liderazgo.