¿Qué falta todavía para transformar la educación?

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El consenso sobre la necesidad de transformar la educación se ha ido consolidando durante los últimos años. Muestra de ello es la multiplicidad (y diversidad) de programas para cambiar la educación, tanto en el ámbito de la enseñanza pública como la concertada. (ver  1, 2, 3, entre otros).

Como en todo proceso de cambio colectivo, la transformación de la educación (de hecho, la de cada escuela) requiere respuestas claras y consensuadas a cinco preguntas poderosas: ¿Por qué cambiar? ¿Para qué cambiar? ¿Qué cambiar, en concreto? ¿Cómo conseguirlo? ¿Quién estará implicado y comprometido?

Parece haber consenso acerca del por qué del cambio. Esta declaración de la UNESCO sería una muestra representativa.

«El mundo está cambiando: la educación debe cambiar también. Las sociedades de todo el planeta experimentan profundas transformaciones y ello exige nuevas formas de educación que fomenten las competencias que las sociedades y las economías necesitan hoy día y mañana.» Unesco (2015)

La respuesta al para qué, al propósito de la transformación, es más crítica, más poderosa, y también más dependiente del contexto. Esta rúbrica del cambio educativo, por ejemplo, articula la respuesta en dos grandes ámbitos:

  • Conseguir una escuela inclusiva y orientadora.
  • Desarrollar en los alumnos competencias para ser, hacer, conocer y convivir.

Una vez formulado su propósito, el siguiente paso en un programa de transformación escolar suele ser la redefinición de la metodología de aprendizaje y de evaluación, respondiendo a cuestiones como: ¿Qué se enseña en las aulas? ¿Cómo se enseña? ¿Cómo son las aulas? ¿Sólo se enseña en el aula? y similares. La rúbrica a que me he referido antes contempla para ello un total de 12 ámbitos:

  • Las secuencias y experiencias de aprendizaje
  • Las relaciones interactivas
  • La gestión social de los entornos de aprendizaje
  • La gestión de espacios y tiempos
  • La organización de los contenidos
  • El uso de recursos didácticos
  • Procesos de actualización del núcleo pedagógico
  • Procesos de actualización de las dinámicas del entorno de aprendizaje
  • La función de evaluación
  • El propósito y objetivo de la evaluación
  • La recogida de evidencias
  • La valoración de las evidencias.

Estas líneas de acción configuran en su conjunto un programa de transformación pedagógica. 

Pero el cambio pedagógico no es suficiente para transformar las escuelas. Si lo que se pretende es que la enseñanza pase a gravitar en torno al desarrollo de habilidades y al aprendizaje colaborativo en lugar del aprendizaje individual de materias, el programa de cambio debe también plantearse cuestiones como las siguientes:

  • ¿Cuál es el modelo de organización que da soporte a ese aprendizaje?
  • ¿Cuál es la cultura organizativa de la escuela del futuro? ¿Cuáles son las actitudes, habilidades y prácticas de los docentes, en su relación con los alumnos pero también en la relación entre ellos, que hacen funcionar esa organización?
  • Si la cultura y la organización de las escuelas del futuro difiere de la actual, como sucede en muchos casos, ¿cómo organizar y llevar a cabo la transición?

«Sólo hay tres cosas que ocurren espontáneamente en toda organización: desorientación, fricción y resultados por debajo de lo esperado. El resto requiere liderazgo.» (Peter Drucker)

Nuestras conversaciones con responsables de escuelas vienen a confirmarnos que, mientras el proceso de transformación pedagógica está lanzado y en marcha, el proceso de transformación de la cultura y la organización de las escuelas está mucho menos avanzado. Un síntoma de ello es que la rúbrica a la que nos venimos refiriendo contiene sólo dos escuetas líneas a este respecto:

  • Liderazgo de la organización educativa
  • Organización abierta (a las familias y a otros agentes de educación formal y no formal).

Transformar la escuela en un ecosistema de aprendizaje requiere mucho más que un cambio en la pedagogía. Exige recomponer creencias y actitudes (p.e. sobre cómo aprenden y colaboran los profesores, sobre el funcionamiento del claustro, sobre el rol de las familias) y transformarlas en colaboraciones efectivas. Fácil de decir porque, como en tantas ocasiones, el reto está en el CÓMO ponerlo en práctica.

Si os interesa trabajar sobre el proceso de poner en práctica un nuevo programa didáctico, apuntaros a las próximas ediciones en Madrid y Barcelona de nuestra Masterclass Kaospilot.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo a través del cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan.

1 comentario

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  1. […] en una entrada anterior que la transformación de las escuelas no puede limitarse sólo a un cambio de pedagogía en una o […]

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