Propósitos con déficit de cómos

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«El camino al infierno está empedrado de buenos propósitos.»
(Aforismo)

La cuestión del propósito de las empresas vuelve a estar de moda. Un síntoma de ello es que las grandes consultoras de negocio se hayan puesto a publicar informes sobre ello (un ejemplo entre muchos). Pero muchas de estas expresiones de propósito adolecen de déficit_de_cómos, por lo que es previsible que se queden en eso, en declaraciones de buenas intenciones.

A finales del pasado Agosto, por ejemplo, un conjunto de CEOs norteamericanos agrupados en la Business Roundtable publicaron un manifiesto en el que se comprometían a «Promover una economía que sirva a todas las personas». Esto es, a todos sus ‘stakeholders: a sus accionistas, desde luego; pero también a sus clientes, suministradores, empleados, sociedad.

«Cada uno de nuestros ‘stakeholders’ es esencial. Nuestro compromiso es generar valor para todos ellos, para el éxito futuro de nuestras empresas, nuestras comunidades y nuestros valores.» (Business Roundtable)

Sin embargo, en tanto esa declaración de intenciones no se acompañe de compromisos de cambios de comportamiento, de acciones concretas, es inevitable la tentación de considerarla como un intento de salvar la cara. De lavar una imagen manchada por demasiados casos de irresponsabilidad corporativa (¿hacen falta nombres?).

«Los negocios tienen una responsabilidad social y sólo una – utilizar sus recursos y emplearse en actividades diseñadas para aumentar sus beneficios, siempre mientras se mantengan dentro de las reglas del juego; esto es, operando en competencia libre y abierta, sin engaños ni fraudes.» (Milton Friedman)

Una interpretación menos escéptica sería que las empresas intentan distanciarse de posturas ultraliberales, como la clásica de Milton Friedman, y del mantra de «crear valor para el accionista«, que hoy en día se consideran como no políticamente correctas.

Desde una óptica política, la declaración de Milton Friedman puede también verse como un reto a quienes hayan de establecer tanto las reglas de competencia como las que previenen y castigan engaños y fraudes. Esto es como un reto a Gobiernos y a reguladores. Pero a la vez, en un clima de crisis de confianza en la política y las instituciones convencionales, la disposición de las grandes empresas a abordar retos sociales puede también como un modo de ocupar un espacio antes de que lo hagan gobiernos y reguladores más radicales.

En cualquier caso, la declaración de la Business Roundtable, como tantas otras declaraciones de buenos propósitos, adolece de falta de concreción acerca de cómo pretenden transformar sus organizaciones y su cultura empresarial para llevarlos a la práctica. Son un ejemplo más del déficit de cómos.

El IDOART que encabeza esta entrada es una herramienta del método Coperfield que utilizamos en nuestros talleres de transformación para abordar el casi siempre presente déficit de cómos. Ayudamos primero al grupo a alinearse en torno a la expresión de la intención y los resultados esperados de su trabajo conjunto. Pero les exigimos también el esfuerzo de comprometerse con claridad a cómo y con quién trabajar. Lleva su tiempo, pero es imprescindible. Porque los buenos propósitos no son suficientes. Porque, como reza el proverbio, el camino al infierno está empedrado de ellos.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo facilitando procesos de cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan.

 

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