No hay transformación sin tensión previa

“Si sientes que el estado actual del mundo es correcto y aceptable,
y que dará paso a un futuro en el que puedes vivir,
no sigas leyendo.” (Chené Swart).

Un gran dolor da paso a un gran cambio.
Si no estás preparado para cambiar,
es que no te duele suficiente.” (Luna Adriana Ardiansyah)

Primer tópico: Proclamar que estamos una época de innovaciones disruptivas, de cambios exponenciales en múltiples ámbitos. En el tipo de experiencias que vivimos y buscamos. En lo que consumimos o aspiramos a consumir, en lo que vendemos o aspiramos a vender. En las formas de hacerlo. En los modos en que se organiza la producción, el consumo y el trabajo. En las influencias que recibimos y en los modos en los que intentamos influir.

Segundo tópico: El aumento de la complejidad de muchos asuntos, la multiplicidad de opciones, la incertidumbre, la dificultad en valorar opciones y decidir.

Aún dentro del tópico y de la propaganda, estos mensajes tienen un elemento de verdad. Algunos apuntan a oportunidades potenciales y otros a peligros plausibles. Pero no todos nos afectan por igual, como tampoco está a nuestro alcance responder a todos. Ni individualmente como ciudadanos. Ni colectivamente desde nuestras organizaciones o empresas.

Por eso, como individuos y como organizaciones, hemos de aprender a diferenciar entre los futuros hacia los que aspiramos a transformanos:

  • Futuros tentadores, envueltos en buena propaganda, ciertamente con algunas características deseables. Pero que en el fondo sabemos que corresponden a intereses y futuros de otros. Forman parte de un paquete que no compraríamos en su conjunto. Hemos de resistir la tentación de envidiar a trozos.
  • Futuros accesibles, o que en principio nos lo parecen si hiciéramos algunos cambios que podríamos decidir. Sacar un nuevo título. Promocionarnos en las redes sociales. Cambiar de trabajo, pero tal vez no de sector. Rehacer la imagen. Retocar la estrategia. El peligro aquí es tomar el atajo del cambio en lugar de la aventura de la transformación.
  • Futuros auténticos, los que quedan (a lo mejor el único que queda) una vez eliminamos los anteriores. Futuros que, cuando los visualizamos en todo su detalle, nos generan íntimamente la tensión de hacer algo al respecto. Porque es a partir de esta incomodidad, de esa sensación de tensión, donde encontraremos la motivación para transformarnos. Para emprender el proceso de nuestra transformación, de la que nos comprometemos a hacernos responsables porque es la que nos corresponde.

Porque sólo es cuando esa tensión se hace difícil de soportar, cuando nos duele de verdad, individualmente o como colectivo, cuando estamos preparados para el compromiso de cambiar de forma de actuar. Porque esa es la esencia de la transformación: Un cambio consciente y profundo de forma de actuar.

Propuestas para reflexionar:

  • Piensa en una personalidad a la que admiras por algún motivo. Tu líder favorito, por ejemplo. Busca su biografía en la Wikipedia; visualiza en lo posible todas las circunstancias de su vida. Si pudieras, ¿cambiarías tu vida por la suya? ¿Con todos sus claroscuros? Hemos de resistir la tentación de envidiar a trozos.

Coperfield es una agencia de transformación

Organizamos talleres abiertos sobre distintas facetas de los procesos de transformación. También diseñamos procesos a medida del cambio que tu equipo necesita y lo acompañamos en talleres colaborativos ‘in-house’.

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3 comentarios

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  1. […] iniciativa de cambio parte siempre de una tensión inicial. Es siempre emocionante, porque sea cual sea la justificación racional del cambio, resulta […]

  2. […] impulso inicial para transformar algo, una organización, un sistema, parte siempre de una tensión, de la incomodidad o la inquietud que genere una situación actual no satisfactoria. Para ponerse […]

  3. […] requisito previo para que una organización asuma el compromiso de transformarse es que sienta la tensión de no hacerlo. Quizá ayude una analogía. Todos hemos experimentado la sensación de que ya no procede hacer una […]

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