Lo mejor puede ser enemigo de lo bueno

Acompañamos al equipo directivo de una consultora joven en el proceso de mejorar la eficacia de su trabajo en equipo. Propusimos que una de las sesiones de nuestra facilitación se centrara en explorar qué aspectos emocionales no explícitos tenían influencia en sus prácticas de cooperación.

Escogimos para ello plantear un trabajo sobre «Los cuatro acuerdos: Un libro de sabiduría tolteca«.

Los participantes empezaron por identificar,   individualmente y en grupo, ocasiones concretas en que su comportamiento no respetaba alguno de esos cuatro acuerdos.

En una segunda fase, pedimos que los que se ofrecieran como voluntarios, sentados en la silla caliente, escucharan de sus colegas el sentimiento que les producían esas prácticas contrarias a los acuerdos.

Para conseguir que estas conversaciones fueran honestas, pero no brutales, instruimos a los participantes en usar una fórmula de feedback apreciativo: «Cuando haces …, tengo la impresión de que …; me gustaría que en el futuro pudieras …«.

El resultado fue, como era previsible, una ensalada de emociones, la mayoría de ellas nunca antes expresadas, y por tanto para casi todos sorprendentes por lo inesperado. Un punto de partida para identificar comportamientos y prácticas a modificar.

«Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas.» (Epictecto.)

Compartiremos sólo uno de los resultados de la reunión. Ocupó en uno de los turnos la silla caliente un miembro senior del equipo, una figura respetada en el grupo, encargado de redactar buena parte de la documentación comercial y estratégica de la empresa. Para su sorpresa, la propuesta de mejora en que más coincidieron sus colegas era relativa al cuarto acuerdo tolteca: «Hazlo todo lo mejor que puedas«. Sugiriendo que les parecía más eficiente que compartiera lo antes posible las primeras versiones de sus documentos (que ellos consideraban como completos al 80% o más), sin esperar a probar de acabarlos al 100% (algo que por definición nunca conseguiría). «Te esfuerzas demasiado» vinieron a decirle.

A veces, lo mejor es enemigo de lo bueno. También hay belleza y talento en la imperfección. La figura que encabeza esta entrada es una obra de arte generada en uno de nuestros talleres. Un participante garabateó el trazo en negro; dimos dos minutos a su pareja en el taller para que produjera una obra de arte y le pusiera el título, con el resultado de la imagen. Tenemos cientos de ejemplos similares de perfección imperfecta, que a lo mejor un día editamos.


Coperfield es una agencia de transformación. Facilitamos y acompañamos procesos de cambio en equipos, grupos y organizaciones. Contacta con nosotros en hola@coperfield.org.

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  1. […] Enseñar a quienes se quejan a liderar un cambio de cultura. Incluyendo su habilidad para liderar a los jefes. Porque no siempre los jefes son conscientes de lo que ocurre por debajo. Porque algunos, aunque por desgracia no todos, valorarán el regalo de un buen feedback apreciativo. […]

  2. […] ejercicio que proponemos a menudo es el ‘dibujo a 2‘ que comentamos en una entrada reciente. Se pide a los participantes que creen en dos minutos una obra de arte, con su respectivo título, […]

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