Liderar a los jefes es posible y necesario

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Lidérate a ti misma, lidera a tus superiores, lidera a tus iguales, y libera a tu gente para que haga lo mismo. El resto es trivial.” (Dee Hock)

Facilitamos durante una mañana un taller de liderazgo distribuido para varias decenas de profesionales de la administración catalana, con una representación numerosa de funcionarios de prisiones.

Sabemos por experiencia, incluyendo la de varias decenas de talleres de este tipo, que el concepto de “liderazgo” está muy desacreditado, tal vez por la abundancia de ejemplos de “falta de liderazgo”. Por este motivo, acostumbramos a empezar planteando a los participantes dos preguntas:

  • Seleccionar una persona que a su juicio merezca ser considerada como un referente de buen liderazgo.
  • Hacer una lista de cinco atributos del buen líder.

Las respuestas a la primera pregunta demostraron algo cada vez más frecuente: ni una sola referencia a personajes públicos. Todas fueron a personas del ámbito profesional o personal cercano a los asistentes.

Al compartir en público las listas de atributos del buen líder se repitió lo que sucede siempre que proponemos este ejercicio. No sólo hay una gran dispersión en los atributos que se valoran, lo cual es hasta cierto punto esperable. Lo que más sorprende al grupo es comprobar que no hay ni un solo atributo coincidente entre los mencionados por las primeras cuatro o cinco listas que se comparan. Y que, por tanto, no hay ni un solo atributo del buen liderazgo compartido por todo el grupo.

Conclusión: No existe el líder perfecto. Además, incluso si existiera, no sería considerado como tal por aquellos a quienes lidera. El buen liderazgo es situacional: se adapta a las características del grupo a liderar y del reto que se afronta.

En la segunda parte de la mañana propusimos una conversación acerca del modelo de liderazgo distribuido esbozado en el diagrama. Como era de esperar, el debate se centró enseguida en torno a la propuesta de «liderar a los jefes». Porque no se cuestiona que la receta de Dee Hock que encabeza esta entrada tiene sentido. La duda está en si es una propuesta viable y, en su caso, cómo llevarla a la práctica.

  • ¿Están los jefes dispuestos a dejarse liderar?
  • ¿Si no estamos seguros, cómo averiguarlo?
  • En caso de que estén dispuestos, ¿cómo aprender a hacerlo?
  • ¿Cómo reaccionar en caso de que no estén dispuestos a aceptar ser liderados?

No hay respuestas universales a estas cuestiones, pero sí podemos asegurar que:

  • Estén de acuerdo o no, los jefes necesitan ser liderados desde abajo.
  • Practicar el feedback apreciativo es una buena manera de aprender a liderar a los jefes.
  • No esperes que te pongan la alfombra roja para empezar a actuar como líder, a menos que dispongas de un asiento super cómodo.
  • Sean cuales sean las condiciones de liderazgo de tu entorno, siempre tienes más de una posibilidad para elegir cómo actuar.

Más sobre todo ello en próximas entradas.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo facilitando procesos de cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan. Sabemos cómo facilitar y acompañar el cambio de cultura de vuestra organización hacia un liderazgo distribuido. Contactadnos en hola@coperfield.org.

 

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