El trilema de la economía colaborativa

Asata, la patronal de cooerativas y sociedades laborales de Gijón, nos invitó a dar una charla-coloquio sobre la ‘economía colaborativa‘.

Nos pareció oportuno partir de la afirmación «La economía colaborativa se acabó«, por dos motivos:

  • Porque no deja de ser una afirmación provocativa, viniendo de quien viene.
  • Pero, sobre todo, por compartir su diagnóstico de que la economía colaborativa ‘ha perdido su valor explicativo’. Cada cual entiende o explica este concepto como mejor le parece o le conviene.

Nuestro diagnóstico es que el futuro de la economía colaborativa pasa por dar prioridad a profundizar en la colaboración, sus objetivos y principios, sus QUÉs y sus CÓMOs. Si la prioridad es la economía, la presión del mercado y de los agentes establecidos en el mercado acaba por desvirtuar la colaboración. Es así como se pierde el valor explicativo.

La cuestión que se plantea así es cómo ubicarse la colaboración y la economía colaborativa en el triilema entre la regulación del bien común y la presión del mercado, por una parte, y de ambas con el individualismo creciente en nuestras sociedades. Intentamos esbozarlo de modo resumido.

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Al presentarse como ‘economía’, la economía colaborativa participa de entrada en el dilema clásico entre Estado y mercado, entre regulación y libre competencia (ver Karl Polanyi para un tratamiento a fondo). Las tensiones entre las propuestas de Uber y las del transporte público regulado, o entre las de Airbnb y las competencias de planificación y regulación urbana de los municipios son ejemplos ilustrativos y bien conocidos.

La tendencia de nuestras sociedades a la individualización, a perseguir la satisfacción personal y a corto plazo, añade un tercer vértice al dilema anterior. Se trata de un fenómeno evidente, bien descrito y analizado además por muchos autores actuales (Zygmunt Bauman, Gilles Lipovetsky, Byung_Chui Han o Nancy Fraser, entre otros).

Esta tendencia a la individualización se refuerza por la presión del consumerismo (la tendencia de las personas a definirse en base a lo que consumen) y por el capitalismo tecnológico de las grandes plataformas que, como Facebook y similares, presionan a que los individuos definan y re-definan continuamente su identidad en la red, dando lugar a lo que se ha descrito como individualismo en red. Al mismo tiempo, se constata un desapego creciente hacia las instituciones democráticas convencionales, ejemplificado por el eslógan ‘no nos representan’.

Es cierto que la misma tecnología que refuerza el individualismo abre también nuevas posiblidades de colaboración, incluyendo las nominalmente perseguidas por la economía colaborativa. Pero, al menos por el momento, las plataformas impulsadas desde el capitalismo puro y duro, como las Uber y similares, son las que se están llevando el gato al agua.

Las propuestas por dar mayor protagonismo a ‘lo comúnpersiguen dar una salida a este trilema, tanto en el ámbito económico como en el político. Pero el futuro de estas propuestas pasa demostrar el alcance efectivo del poder de la colaboración, que en muchas ocasiones, por lo menos de momento, resulta ser menor del esperable o deseable.

La conclusión sería pues que los intentos de economía colaborativa que pongan el acento en la economía tienen muchas probabilidades de ser fagocitados, como de hecho ya sucede, por propuestas del capitalismo del «vosotros colaboráis: yo me forro». Algo que no sucedería con propuestas cuyo énfasis fundamental fuera la colaboración, supeditando los aspectos económicos a los principios colaborativos.

Más fácil de decir que de hacer, desde luego.

  • Porque, ¿qué pensamos de aquellos que, cuando le pedimos que colaboren en algo, lo primero que quieren tratar es sobre la factura?
  • Porque. como constatamos en nuestro trabajo desde Coperfield, querer colaborar no es suficiente; hay que aprender a hacerlo.
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  1. […] de la economía colaborativa en Asturias. Pedimos que nos dieran la libertad de no hacer como en otras ocasiones una presentación convencional, y ensayar en vez de ello un enfoque colaborativo. Los organizadores […]

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