Educar para la incertidumbre

Nadie sabe con certeza cómo será el mundo dentro de 15 años. ¿Para qué mundo educar pues a los peques que entran ahora a la escuela en P-3? ¿Qué transmitirles? O, planteado de otro modo, ¿qué cualidades personales esperamos que la educación ayude a desarrollar?

Es esta una reflexión que comparten con frecuencia docentes con los que conversamos. Tienen razón. El futuro es hoy más incierto que nunca. Volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA), como gustan decir algunos. Los docentes se enfrentan reto de educar para la incertidumbre.

La dificultad de este reto es que no se puede educar desde la incertidumbre. Manejarse en un entorno incierto, sin caer en el relativismo o en la parálisis, exige apoyarse en un conjunto mínimo de certezas. Más aún en el caso de los docentes, que de un modo u otro transmiten a los alumnos sus propias actitudes y creencias personales.

¿Cuáles son esas certezas? Pueden, pero sólo en parte, derivarse del marco legal.  Por ejemplo, la Ley 12/209 (.pdf) para la educación en Cataluña establece que el sistema educativo se regirá, entre otros, por los principios siguientes:

  1. La formación integral de las capacidades intelectuales, éticas, físicas, emocionales y sociales de los alumnos que les permita el pleno desarrollo de la personalidad, con una enseñanza de base científica.
  2. La vinculación entre pensamiento, emoción y acción que contribuya a un buen aprendizaje y conduzca a los alumnos a la madurez y la satisfacción personales.
  3. La capacitación cultural, científica y técnica que permita a los alumnos la plena integración social y laboral.
  4. La habilitación para el aprendizaje permanente.
  5. El estímulo y el reconocimiento del esfuerzo y la valoración del rigor, la honestidad y la constancia en el trabajo.
  6. La capacitación para ejercer activamente la ciudadanía.
  7. La competencia para el análisis y el contraste de toda la información, cualquiera que sea el medio de transmisión.

Son una referencia orientadora, pero no disipan la incertidumbre sobre cuestiones de futuro como, por ejemplo, los requisitos «para una plena integración social y laboral». De otra parte, admiten más de una interpretación; cada centro tendrá concertar y concretar desde qué certezas educa y cómo se traducen a su labor educadora.

Entre tanto, si queréis conocer y experimentar las claves de diseñar una educación para la incertidumbre, os invitamos a participar en las próximas ediciones en Madrid y Barcelona de nuestra Masterclass Kaospilot para el diseño y gestión de espacios de aprendizaje. Más información aquí.


Coperfield es una agencia de transformación. Aspiramos a mejorar el mundo a través del cambio en las organizaciones y en las personas. Creemos en la capacidad de los colectivos  para co-laborar y co-crear sus propias respuestas a los retos a los que se enfrentan.

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